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miércoles, 2 de enero de 2008

Los trenes que nos alimentan XI: La cigarra y la hormiga de Ferrobaires

Nota: Toda semejanza con la realidad es pura casualidad

Había una vez una empresa ferroviaria llamada Ferrobaires, donde había dos ferroviarios destacados: un mecánico llamado Joaquín Morales y un auditor llamado Adriano T.

Joaquín vivía en Bahía Blanca y trabajaba todo el año a brazo partido reparando vehículos. Con la plata que había juntado compró un terreno, construyó su casa y se mudó a vivir en ella.

Adriano piensa que Joaquín es un tonto y se la pasa todo el tiempo trabajando, entonces, se pasa todo el tiempo haciendo negocios detrás de un escritorio en una oficina.

Cuando llega la finalización de la concesión de Ferrobaires, Joaquín siguió trabajando en el taller como si nada hubiese pasado.

Adriano, envidioso por el despido de la empresa, organiza una rueda de prensa en la que se pregunta los motivos por el cuál Joaquín el mecánico tiene derecho a la vivienda y a la comida cuando lo requiere, cuando hay otros, como él, que se dedican a hacer lo mismo que él.

La televisión organiza un programa en vivo en el que muestra al auditor de Ferrobaires pasando hambre y miseria, junto a todas las calamidades, en tanto que también muestran fragmentos del videos donde se ve a Joaquín el mecánico con todas las comodidades.

Los bahienses se sorprenden de que a pesar de estar en un país como este, haya una persona pasando miseria, mientras otros lo hacen con todos los lujos.

Las asociaciones contra la pobreza y DDHH se manifiestan delante de la casa del mecánico.

Los periodistas organizan una serie de artículos en los que cuestionan como el mecánico ha llegado a tener todo lo que tiene a espaldas del auditor e instan a que la nueva concesionaria retome al auditor despedido, en tanto que pidieron que le redujeran el sueldo a Joaquín.

Respondiendo a las encuestas de opinión, la nueva concesionaria le reduce el sueldo un 50% a Joaquín en tanto que reincorpora al auditor despedido.

El sueldo de Joaquín se ha visto reducido en un 50%, y además, le llegó una suspensión trucha.

Ante todo esto, Joaquín pasaba todo el día trabajando entre la grasa y el aceite, sin recibir nada a cambio, excepto críticas. Un buen día se cansó y decidió renunciar a seguir al servicio de los rieles, e ingresa con éxito en la empresa de cargas, FEPSA.

La televisión hace un reportaje donde sale el auditor con sobrepeso y un elevado estatus económico. En un corto tiempo, volvió a los negociados sucios y gracias a ello, compró una casa quinta y una camioneta 4 x 4, como también, tenia cantidades de cuentas personales.

La nueva concesionaria se convirtió en el albergue de cucarachas que hacen bien poco y nada por sostener el servicio ferroviario de pasajeros.

A la empresa le reprochan por no hacer lo necesario para hacer marchar el sistema. La empresa solicita un subsidio al gobierno que le cuesta millones y millones de pesos para ponerlo en marcha.

En tanto, Adriano es arrestado y encerrado en la sección Delitos Complejos de la Policía Federal. Los medios de comunicación se preguntan las causas por las cuales permiten que se usen a las empresas públicas para hacer negocios personales.

La nueva concesionaria, inmediatamente, vuelve a la Nación.

Y Joaquín sigue trabajando como si nada hubiera pasado en FEPSA.

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