Te lleva unos segundos firmar este petitorio

lunes, 10 de agosto de 2009

Café Ferroviario II: No tiene escapatoria…

De aquella vez que Pamela mató de un infarto al inspector Joaquín Nanni pasó algo así como tres o cuatro meses, no se sabe la fecha exacta. Se sabe que hasta ese momento, Pamela Nix estaba desaparecida en acción. Para la alegría y felicidad de los rieles.

Pero un buen día pasó por la estación Villa María una ráfaga…………

Bajo la sombra que daba en el anden Franco Uriona, simulando estar durmiendo la siesta, pero estaba relajado. Estaba con los ojos abiertos y, al escuchar el fuerte ruido a tacos, giró la cabeza hacia la izquierda y, vio a Pamela. Pero no puso reparos y siguió relajado.

Dos horas después, Franco fue a hacer sus maniobras respectivas con la GAIA que había en el lugar. Movió un par de formaciones, algo cortas por cierto. Y volvió a ver pasar al mismo transeúnte que había visto en la hora de la siesta.

Y Franco la siguió con la mirada, pero no se detuvo a pensar en nada.

Pamela, al llegar al anden cubierto, se dirigió a la oficina del jefe.

El socio ayudante de Franco, Francisco, la vio con el jefe. Por detrás se acerca el inspector Tavella – Ojo con esa piba – advirtió.

- ¿Por? – preguntó Francisco.

- Porque seguro que algo se trae entre manos -.

- Que traiga lo que quiera, mientras no me moleste……………-.

- No es que te moleste, no te va a molestar, es más, esta piba fue la que mató de un infarto al inspector Nanni -.

- ¿Nanni? Y hace tiempo que no lo veía y ahora me entero que está bajo la tumba……… bueno, de algo había que dejar el cuero -.

- Sí, claro. Pero esa piba por seducirlo lo mató de un infarto -.

- Gracias por jetear, ya le paso el chisme a mi compañero-.

Francisco va hasta la máquina estacionada, sube y en la cabina, cara a cara conversa con Franco.

- Franco… tengo un chusmerío por pasarte -.

- ¿Chusmerío? El mundo está rodeado de chusmas……….. – contestó Franco.

- No sé si viste una figurita pasar por esta misma playa… -.

- ¿Figurita? Una chica algo vistosa… -.

- De busto -.

- Y trasero -.

- La parte trasera no la ví………… solo ví por delante –

- Bueno, yo ví por detrás -.

- Está buena, después de todo……. -.

- Vos dale a esa mina y tu mujer te pone no solo los bolsos en la calle, sino que te da una patada en el culo que no paras hasta la Luna -.

- Cuestión de ignorar… -.

- Yendo al grano… -.

- Bueno, Tavella recién jeteó que esta mina que vimos pasar fue la que reventó a Nanni de un infarto -.

Los ojos de Franco se desorbitaron.

- ¿Cómo?... me parece que estoy sordo che… me voy a tener que hacer una audiometría urgente – dice Franco y se rasca un oído.

- No, no oíste mal. Esa mina vistosa, como dices, lo mando a la tumba -.

- Pobre muchacho… -.

- ¿Y qué mierda tenía que seducir? -.

- ¿No habrá sido que solita seducía sin quererlo? -.

- Yo me preguntaría si lo llevó al catre -.

- No sé, pero para eso debemos tirarle la lengua -.

- ¿Y quién se ocupa? -.

- Dejalo a papito Uriona… yo me encargo del sucio laburo -.

- ¿Qué plan se te ocurre al respecto? -.

- Y te dije que me dejes a mí, después te cuento como sigue esta historieta ¿entendiste? -.

- Si tu lo dices… -.

Mientras ellos conversaban en la máquina, Pamela estaba seduciendo al jefe tras cuatro paredes.

Mentalmente, Franco tenía el plan perfecto para hacer que Pamela pagara por todas las seducciones que hacía en los rieles: él mismo buscaría seducirla. Y no se privaría de nada. Para nada.

Una noche la espero en la estación. Hacía frío y mucho. Con paciencia espero que saliera de la oficina del jefe y la atajo – Disculpe…

Pamela, con su físico y sus ojazos, giro hacia Franco como marcándolo – Tú me dirás -.

- Hace poquitas horas llegué a esta ciudad y me gustaría dar un paseo por ella -.

- Dependiendo el apuro señor – Pamela se creyó la primer mentira de Uriona – evidentemente es muy nuevito acá en los rieles -.

- Ah, si. Hace como un mes y medio estoy trabajando y, me cuesta un poco adaptarme -.

Pamela se creyó la segunda mentira.

Y se llevó a Franco a dar vueltas por la ciudad. Obvio que ella no perdería ocasión de seducirlo, así que a la pasada por una de las avenidas, pararon en un hotel transitorio.

Una vez en la habitación, Pamela procedió con su misma metodología de siempre.

- Disculpe… todos los ferroviarios saben de esto… - pregunta Franco.

- Depende de cada uno, pero conociendo sus mentalidades, a la hora de la seducción, se dejan llevar por sus bajos instintos -.

A Franco le corrió un frío por el medio de su columna pero si quería darle la lección que se merecía, tenía que seguir prestándose al juego.

Pamela acarició a Franco como queriendo darle la mejor noche en un tour de visita en Villa María. En la cama se tendieron los dos, enroscados, a los besos apasionados el uno al otro… aprovecharon la ocasión para quitarse sus ropas cada uno.

- No pensé que fuésemos a estar así…

- Así sin nada, supongo ¿no? – le dice Pamela.

- Sí… -.

A decir verdad, los dos estaban muy excitados.

Nuevamente, a los besos apasionados y a las caricias, se dieron unas vueltas en la cama para finalmente hacer el amor sin prisas pero con pausas.

Esa noche pernoctaron en el hotel transitorio.

Al día siguiente, cada uno se despidió. Con la esperanza de volver a verse en algún momento. Franco sentía que de alguna forma tenía que Pamela tenía que terminar de mandar a los ferroviarios a la cama. Él esperaba que Pamela quedara embarazada pero…

…nada de eso ocurrió.

Un buen día, sin buscarlo, seis meses después, Franco encontró a Pamela sentada en un banco con la mirada hacia el piso. Estaba muy consumida. Se sentó a su lado – No creí que terminaras en esto -.

Pamela apenas alzo la cabeza y lo miró – Pues bien sabes que mentiste hasta el caracú – le dijo con una voz muy apagada.

- Sí, es cierto… -.

- Pero no me arrepiento de lo que hice -.

- Nadie te dice que debes arrepentirte. Tal vez algo no hiciste bien… -.

- Puede ser… -.

- Afirmaría. De lo contrario no estarías en ese estado -.

- Cierto. ¿Te puedo pedir una última voluntad? -.

Franco quedó helado – Usted me dirá -.

- Mira, no me dejes sola en este momento. No es mucho lo que pido. Son apenas unos días… -.

Dos días después Pamela se durmió para siempre. Franco nunca supo que enfermedad tenía ella. Solo se sabe que cremó su cuerpo y tiró las cenizas en un agujero que hizo en la playa de la estación Alta Córdoba.

Café Ferroviario II: La caída del Bunker Ferroviario

No es fantasía. Es una realidad!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Lunes 11 de mayo del 2009. A lo largo y a lo ancho del país, los trenes están convulsionados: las cargas ya casi poco se mueven, las pocas que lo hacen lo hacen infringiendo la ley, tal es el caso de Nuevo Central Argentino cuando lo pescaron llevando carga tipo contrabando, simplemente unos maníes multiplicado en cinco vagones.

“Señores, detengan la formación!” – ordenó el agente de ARBA en Zárate con la mano en alto.

En la cabina de la GR-12, el socio le pregunta al maquinista “Disculpe… ¿qué andará haciendo esta gente por acá?”

“No te das cuenta pelotudo que son los de ARBA! Y para colmo de males, los pelotudos de la empresa metieron en veintiocho vagones cinco de contrabando!” – exclamó el conductor.

“¿¡Contrabando!? ¿¡Qué te piensas que vamos de contrabando en el Gran Capitán!?”

“No. Porque esta vez sí que a los pelotudos de NCA se les pudrió el rancho…”

“¿Te sabes el Padrenuestro?”

“Mejor que eso, tendrían que haber pensado un poquito más antes de tomar esta vía”

Finalmente la formación es detenida en Zárate. Los agentes piden a la dotación la documentación del transporte:

“Señores, los papeles para avalar el transporte de cargas que llevan en el tren”

El socio se rascó la cabeza y le dice por lo bajo a su compañero “Ahora sí vamos a cagar fuego”

“¿Qué te calienta? Que se calienten ellos……….”

“¿Algún problema señores? Vamos a requisar la formación” – les dijo el agente de ARBA.

El maquinista, con la cabeza a gacha y meneándola a los costados, los llevó a revisar los vagones. Una vez finalizada la requisa, le dijeron “Mire, ¿usted sabe que lleva cinco vagones sin declarar?”

Haciéndose el que no sabía nada, le dice “No, ni idea”

Y el socio la embarra “Sí que sabía”

“¡Qué hacés pedazo de imbécil!!!!!” – se sacó el maquinista y se fue a las manos.

Vuelven a intervenir los agentes de ARBA “Señores, sea como sea, el tren va a quedar detenido y ustedes demorados”.

El maquinista, con los ojos grandotes, lo mira a su socio y le dice “¿Te sabes una ruta de escape de esta?”

“No, yo no, pero supongo que la empresa sabrá cómo sacarnos de este agujero”

No todo finaliza ahí. El panorama que se vive en Trenes de Buenos Aires no es el mejorcito. En una reunión de consorcios, se acordó que los trenes de doble piso pasarían a la historia.

“Señores: a partir de ahora ya no habrá más trenes de doble piso”

“Pero…. ¿y qué hacemos para descomprimir esta situación?”

“Muy simple: agregamos un vagón más a las largas formaciones”

“Serían diez ¿no?”

“Exacto. No sé si entrarán más tipos pero es una forma elegante de hacer un viaje confortable”

“Ah, si claro. Pero…”

“Siempre tú y tus peros….”

“Las estaciones ¿estarán preparadas para este convoy eléctrico?”

“¿Y por qué no? ¿cuál es el problema?”

“¿No lo ve? Mire si el pasaje tiene que bajar desde las alturas haciendo paracaidismo porque no hay andén”

“Le ponemos un colchón inflable y que se aterricen ahí. ¿Quién va a ser el idiota que va a invertir en alargar andenes si nuestro negocio, nuestro gran negociado pasa por nuestros queridos y amados bondis, los trenes que se pudran en el vigésimo infierno”

“¿Y las vías?”

“Nooooooooooooooooooooooooo ¿qué es eso? Naaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, ¿para qué? Cuando se hagan mierda, nos sacamos un peso de encima. ¿para qué arreglar vías si la Reina Cristina nos trae el Tren Bala? Ya el de Puerto Madero está más cerca de ser historia, dejemos que los linyeras hagan rancho ahí y en un tiempo más ya no pasarán ni las máquinas de Ferrobaires ni ninguno que se le parezca”

Y, a decir verdad, Ferrobaires nunca se supo si fue una empresa creada con el fin de servir socialmente con trenes a la provincia o si lo hicieron para llenarse los bolsillos. Porque sí supieron llenarla de ñoquis, testaferros… negocios, menos de ferroviarios. Bueno, que es un reducto, lo es. Y Roca los tiene bien roquizados, aunque éste esté bajo la tumba. Sí se sabe que todas las cosas se cocinan en un edificio vetusto: Hornos 11. Cuentan los mismos ferroviarios, que se puede llegar hasta el cuarto piso, el quinto, desaparézcanse. Abunda de todo, menos algo de utilidad. Revolviendo trastos viejos, archivos en desuso, es posible adulterar cualquier cosa. La que sea. Y desaparecer inventarios. Porque es un agujero negro, tan grande como los existentes en el espacio.

“Disculpe – se dirigió el mecánico al administrador – Necesitamos una partida presupuestaria para comprar repuestos. Es que tenemos tantas máquinas rotas que se nos hace imposible hacer frente con las que tenemos en funcionamiento. Ya se acabaron los repuestos”

El administrador, con los dedos temblando, se quitó los lentes y los apoyó sobre el escritorio. Violentamente dio un puñetazo golpeando el escritorio y miró a la veintena de mecánicos que lo acompañaban “¿¡Qué mierda se han creído ustedes!? ¿¡Que son de la nobleza inglesa a los cuales siempre hay que estar dándoles plata y más plata!? ¿¡Ustedes no entendieron que no hay un peso partido al medio!? Ni uno. Nada. ¡La plata se necesita para cosas más importantes! ¡No es necesaria la plata para un puñado de repuestos para que arreglen las locomotoras inéptos mecánicos qué les pagamos un sueldo!”

“Administrador… nosotros tenemos toda la buena voluntad del mundo, la mejor formación en mecánica ferroviaria, pero ninguno de nosotros hacemos magia”

“¡Acá no se trata de que ustedes hagan magia o no! ¡Se trata de que ustedes no pueden reparar ni dos locomotoras en término! ¡Siempre mandan y mandan pilas y pilas de faxes pidiendo repuestos y más repuestos! Quiero que por una vez me expliquen cuándo van a terminar con esa de pedir repuestos manga de inútiles!”

Los mecánicos se miraron entre ellos.

“No somos sus soldaditos, somos mecánicos por si no recuerda esa palabra. Y le recordamos que si no fuera un poco por nosotros y otro poco por nuestros compañeros los trenes se vendrían en picada total”

“Explíqueme algo: ¿cuándo vas a terminar con esa reputísima costumbre de cuestionar todo lo que digo? ¿acaso ninguno de ustedes sabe quién manda aquí?”

“El Fiührer. No tendría que pronunciar esa palabra, pero creo que es lo más adecuado para usted”

Sacado el administrador, pidió que se retiraran todos y solo quedara el capataz.

“¡No quiero ver más faxes a granel que provengan de Maldonado pidiendo basuras y más basuras para el material tractivo! ¡Son pelotudos! ¿¡Deseas que te mande un buen capo que te re cague a trompadas por estúpido!?... ahora, mira, te doy esta pistola, te vas afuera y para quitarme un poco esta mufa que tengo, liquidá a los 19 mecánicos que vinieron contigo y luego cagate de un tiro”

El capataz pensó dos segundos.

“¿Qué piensa ahora? ¿Cómo piensa liquidarlos? Pégueles a cada uno un tiro en las bolas y listo”

“Por un tiro en las bolas nadie se muere administrador. Ahora si lo cago de un tiro así – el capataz apuntó al medio de la sien del administrador y gatilló – es factible que se cague muriendo… bueno, creo que hice comer un poquito de plomo”.

El capataz sale de la oficina del administrador.

“¿Llegó a una conclusión con este hombre?”

Dubitativo contestó “Si… si…. Si. Lo cagué de un tiro”

Y un guarda que paraba la oreja “¿A quién?”

“Al administrador. Un bulto menos”

A la pasada, en FEPSA los capos de la empresa se están tomando cianuro a granel. Eso explica la aparición de tantos cadáveres “Sostener este negocio ferroviario con tantos inútiles no tiene sentido alguno” y se comió un puñado de porotos envenenados.

“Se están suicidando todos los capos” – un ingeniero lo anunció a viva voz.

“Ya lo sabemos todos” – contestó un cuadrillero.

“Este se comió porotos envenenados”

“Era hora… si los rieles los están vaciando masivamente”

“No quiero pensar que un futuro próximo no haya trenes ni siquiera para sostener nuestro laburo”

“A menos que desees darle de beber un poco de cloroformio al Patilludo”

Por el lado de Ferrosur, les cerraron las rutas por las canteras tandileras, nadie manda cargas por sus trenes y como están enterrados hasta la manija, deben los sueldos de todos los empleados, los directivos tomaron una decisión drástica:

“Señores ferroviarios. A partir de la fecha, la firma Ferrosur Roca se declara en bancarrota total. No hay movimientos de trenes, no nos confían las cargas, nadie transporta nada de nada. Pero no vamos a despedir a nuestros empleados dejándolos en el desamparo general, ustedes nos van a acompañar en este final fatídico: nos vamos a ir a comer yeso y el que se resista, no se preocupe, nos encargaremos de que coman plomo”

En la reunión ferroviaria en las sierras de Tandil, los ferroviarios gritaron pero acabaron allá: comiendo yeso. En una locura generalizada. No todas fueron pálidas: algunos quedaron para contar el cuento, todavía les están haciendo una desintoxicación.

Café Ferroviario II: Seduciendo al inspector I

Hete aquí que entre los pasajeros del convoy con destino a Córdoba estaba ella: Pamela Nix.

Pamela Nix viste unos ajustados pantalones de jean color verde. En los pies, tiene botas de color negro, sin taco. Arriba, tiene puesto un grueso suéter en rombos, blanco y rojo. Su cabeza está cubierta por un gorrito color negro, pero no oculta el castaño oscuro de sus rizados cabellos. Y es atractiva, por cierto. Más es evidente cuando uno mira su busto y su trasero, bien marcado, como más de uno desearía.

Y sí, siendo sinceros, a más de uno del personal ferroviario, se le van los ojos por ella. Y el inspector no es menos… máxime que es un treintañero.

Hay que reconocer algo: viajar a Córdoba en tren sí, es un viaje largo, es imposible evitar que Pamela no sienta ganas de moverse, estirarse, ir, venir… pues bien, lo hace con total libertad.

En el viaje irá descubriendo que más de uno la mira largamente. Justo, en una ida al baño, Pamela rozó con su busto el brazo del inspector Jaime Nanni y… fue imposible evitar la mirada del inspector mientras ella seguía camino al baño. Tragó saliva pero el bombeo de su corazón, estaba acelerado. Se acomodó la gorra y siguió haciendo su trabajo.

Pasó por delante del pasillo y justo salía del baño Pamela. Nanni se restregó los ojos y ella le clavó su mirada. Y Nanni siguió restregándose los ojos. Hasta que le empezaron a llorar de tanto restregarlos. Como gesto solidario, Pamela le acercó un pañuelo de papel.

- Gracias – le dijo el inspector.

- De nada, usted se lo merece… y mucho más – le contesta Pamela.

El inspector Nanni se limpia las lágrimas. Guarda en el bolsillo el pañuelo.

Pamela observaba con largo detenimiento los movimientos del inspector, así caminara o moviera simplemente las manos.

Cuando Nanni se está por seguir camino, Pamela lo detiene - ¿Sería molestia si me dice si falta mucho para llegar a destino? -.

Nanni se rasca la cabeza y le contesta – Más o menos señorita… -.

- ¿De veras? -.

- ¿Desconfía que pueda llegar a mentirle a un pasajero? -.

Y Pamela hacía movimientos de forma tal que con su mirada conseguía poner incómodo al inspector.

- ¿Por qué le preocupa la distancia que falta? – pregunta Nanni para salir del paso.

- No sé… también podría haberle preguntado la hora… o bien podríamos habernos ido al restaurante a tomar un café -.

- No puedo tomar en horario de trabajo, salvo situaciones… -.

- ¿No puede tomar? -.

- No, eso está prohibido, estoy guardando del cuidado de pasajeros -.

- ¿Y yo también? -.

- Usted también… ¿a qué viene todo esto? Lo único que hace es tenerme aquí con ridículos planteos y, si le ofende, me hace sentir demasiado incómodo con sus gestos -.

- ¿Y por qué yo debería ser la culpable de su incomodidad? Aparte, usted tiene un perfume especial -.

Nanni siente algo en su interior que lo llama a la chica y al mismo tiempo, por fuera pone actitudes al límite de lo infantil.

- Por última vez y no le digo más, deje de lado esas actitudes o yo me veré en la obligación de bajarla de la formación – inquirió Nanni.

- ¿De veras que lo harias?

- Desde luego que sí.

- Yo le aconsejaría que se banque con gallardía este viajecito a Córdoba.

- Claro, sin usted molestando…

- ¿Por qué? ¿solo porque lo incomodo con algo? – le pasa la mano por el brazo a Nanni.

Nanni lo irrita pero trata de contenerla – Mire señorita, a ver, no sé qué parte de esta historia no entiende…

- Entiendo toda la historia, es usted el que se cierra.

- No, no, no y no!

- No lo niegue tácitamente – y con la mano le acaricia la parte delantera.

- Deje de jorobar de una vez por todas que yo estoy laburando y usted… no sé qué busca de mí.

- Solo un alguien de poca inteligencia no caería en cuenta en la situación…

- ¿Me estás tratando de poco inteligente?

- A menos que usted no quiera reconocerlo… cuanto más obstinado se ponga, mira que más lo seguiré.

- Está bien, está bien. ¿Qué debo hacer para poder tener un viaje en paz sin que usted no me perturbe?

Y Pamela no contestó.

- ¿No me diga que le comieron la lengua los ratones?

Y Pamela le acarició suavemente la cara.

- ¿Por qué insiste tanto con caricias…? – pregunta Nanni.

- Usted sabrá porque hube de llegar a este extremo.

Nanni mira a todos lados y luego a Pamela - ¿Quiere que le diga algo? Lo único que sabe hacer es seducir a medio personal con su flor de busto y su trasero marcado ¿se lo digo en otro idioma?

- ¿Qué hay de malo en eso?

- Incomoda.

Cada uno regresa a su lugar: Pamela se sienta y se duerme una larga siesta y el inspector Nanni cuando la ve dormir, piensa que se va a olvidar de perseguirlo. O que tal vez buscará otro para perseguir.

En el restaurante, Nanni se toma un café y se detiene a pensar en esa muchacha. Pero siente la amarga sensación de una seducción en pleno trabajo. Prefiere olvidarlo y se pone a leer un viejo periódico de hace tres días atrás.

Por fin el tren llega a su destino final. Nanni siente una tranquilidad inusitada. Por eso es que prefiere quedarse en el restaurante y esperar que salgan todos. A lo mejor, entre el gentío, se irá Pamela.

Fiel a su costumbre, sale del restaurante a recorrer el tren en búsqueda de algún objeto perdido que le pueda ser útil. Le bastó poner sus pies en el camarote 7 que, para su sorpresa, lo esperaba Pamela.

- ¿¡Tú otra vez!? – exclamó y preguntó al mismo tiempo.

- De mí no te desharías tan fácilmente – le contestó Pamela y comenzó a acariciarlo nuevamente.

Y esta vez sí que Nanni estaba molesto y enojado. Pero al mismo tiempo, no podía resistirse al encanto de Pamela.

- Escúchame una cosa…

- Te escucho – le contestó Pamela mientras seguía acariciando al inspector.

- ¿Qué tengo yo que no tenga otra persona para romperme los cojones?

- El dulce encanto de caer rendido a mis pies inspector, no lo niegue, usted sabe perfectamente que su interior está acelerado…

- Sí, bien acelerado, como mi corazón…

- Y algo más que su corazón – mientras ella tocaba allá abajo – deje de negar su excitación, destápese.

- ¿La olla a presión? ¡Jamás! Jamás me acostaría con un pasajero. Preferiría que me agarrara un síncope en este preciso instante.

- Vamos, no es nada el placer, el encanto… - le dijo Pamela y comenzó a quitarle las ropas a Nanni.

- ¿Qué hace? ¿por qué me quita mis prendas tan sensualmente?

Mientras le quita las ropas a Nanni, Pamela sigue besándolo.

- Y si tú me quitas mis atuendos, me veré en la obligación de quitarte los tuyos también – le dijo Nanni y le fue sacando las prendas a Pamela, con poca suavidad, aunque al mismo tiempo algo le hacía preveer que en cualquier momento caería redondo, su corazón enfermo no aguantaría mucho.

- Podría ser un poquito más caballero.

- ¿Por? Por un alguien que obliga… no me tomo ni la mitad de mi tiempo en eso…

Los dos fueron a la cama. Pamela no paraba de acariciar a Nanni cuando en un momento, su corazón se detuvo de veras.

- Inspector… Inspector… ¿está bien?

Y el inspector Nanni no se despertó. Estaba muerto. Bien muerto.

Café Ferroviario II: Ferrobaires suicidio

Observaciones: Toda coincidencia con la realidad es pura casualidad (¿Quién no quisiera que sucediera de verdad?????)

Mar del Plata, 17 de julio del 2008. Por las vías, los ferroviarios asedian la estación ferroviaria. La estación es un campo de batalla: corren y corren, directivos para salvarse, ferroviarios más dispuestos a descargar su bronca que en mantener la calma. La suerte de varios directivos estaba sellada: habían empezado colgando a varios, con diversos carteles, tales como “Mi actuación no es Positiva”, el cadáver de Guarini con la inscripción “Yo renuncio, le pido laburo a Liberali”, otro cuerpo colgado portaba la leyenda “Yo voté a Trezza”, a su lado estaba colgado un delegado de la Unión Ferroviaria.

En la huida, Condorí le dice a Trezza “¡¡¡Tenía que haberme rajado a Brasil como José Pedraza!!!!”.

“¡¡¡Espero que Avogadro por fin se pegue un tiro en las bolas!!!” – le contesta Trezza.

“Y aparte, un garpó un joraca las Carpas!!!”

“¿Carpas? ¿qué carpas?”

“La guarida de Constitución……….. la vació íntegra, la desde su llegada”

“¿Y Mar del Plata?”

“Vamos en caída libre boludo!”

La estación ferroviaria donde está el bunker de Ferrobaires marplatense es bombardeada desde el aire por aviones militares. En el sótano, hay varios directivos.

“Mire Avogadro, de un tiro en las bolas, no muere nadie… Mejor un tiro en la cabeza, si te tiembla la mano, le pegás al… al nervio óptico, así quedaste la última vez que lo hiciste. Mejor mordé la cápsula de cianuro de soja y después pum!”

“¿Me dará tiempo?” – pregunta Avogadro a uno de los directivos.

“Mejor, no retengas la cápsula, los vueltos te caen mal”.

En otra oficina, había más directivos reunidos alrededor de una mesa, tomando un aperitivo. Aparece Trezza “¡¡El directivo Condorí se tiene que suicidar antes que Avogadro!! ¡¡Búsquenlo!!”. Dos directivos se levantan de sus sillas y salen a buscar a Condorí “Condoriiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, veniiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii”.

Aparece Condorí “¿Qué acontece muchachos?”

“Sin preguntas Condorí…”

“¡¡A ver Condori!! ¡¡¡Tragate la píldora!!!” – le dice Trezza y entre tres se la hacen tragar. Al cabo de quince minutos solo es un cadáver.

“Bueno, sin Condorí, ya no vale la pena vivir…………” – dice Trezza.

Afuera, la estación de trenes es un caos total, la playa está totalmente incendiada. Los ferroviarios que la asediaban avanzan “Qué lo parió Liberali, terminó como Nerón pero al revés”.

Liberali le contesta a su compañero mientras entre todos queman los cadáveres “En lugar de quemar a los ferrocarriles, solo se quemó a él y su puta dirigencia”.

“Que el Barbudo los salve a todos estos, el lugar en la historia ferroviaria bonaerense lo tienen bien merecidísimo”.

Como si todo fuera poco, volaron la estación de trenes.

“Listo Liberali, sin estación de trenes ya hicimos la limpieza de larvas que ensuciaban el nombre de Ferrobaires. Ahora………….. ¿qué se le ocurre al respecto?”

“Sin Avogadro, sin Trezza, sin Guarini de ninguna especie, ni estos chupamedias de delegados forros de sindicatos, podemos hacer una Ferrobaires hecha y derecha” – sugiere Liberali.

“Mientras que no terminen diciéndonos que seremos una patria ferroviaria en el día de la escarapela…………” – comenta resignado un cuadrillero.

Así estaban todos los frentes, viendo el incendio en la playa y las ruinas de la estación. Del otro lado del paredón, los micros andaban como que si nada hubiera pasado.

Café Ferroviario II: Todo orejas Pepito

Puedo tocar tu madera… sentir tu alma tranviaria

Cuando me tumbo en algún asiento tuyo

Con pasajeros amigos a solas y solas

Con café de por medio, celular en mano, marchen las pavadas

Marchen las pavadas habidas y por haber

Desde el desalineado jefecito de tráfico

Hasta el pelado conductor quejoso de su gorra

Pasando por alguno……………… salido de la reserva

Y este cuyo trabajo es muy simple: calcinarlos en un mísero relato.

Y sí Pepito, así sos tú, así somos quienes ponemos los pies encima de ti

A nada hace los visitantes, todo un mundo aparte

Porque quienes te acogen acaparan todo

Así fue como en un día, bah, un rato de noche de vagos atorrantes

Nos despachamos a gusto y desgusto,

Como si te dieran la orden de salida desde estación Temperley

Y sí amigo Pepito, una cosa es convivir con la roña de un taller,

Otra muy distinta es mostrar al público la desprolijidad del jefecito de tráfico

Por suerte, va escondido atrás, así que digan todos

“Ojos que no ven, corazones que no sienten”

eso sí, más que juntar dinero para la entidad, pedí una colaboración

así comprás un jabón blanco, manguera y champú,

y unas ropas extras no vienen mal

ah, también comprá un par de prestobarbas así le rasuras esa barba crecida!

Amigo Pepito, tenés un aguante de acero y gracia, posta nene!

De aguantar al pelado quejarse de su gorra

Que le aprieta las neuronas… o que la pelada no respira… tal vez… supongo

Pero esta vez sí respiraron: la gorra hizo un baile en la cabeza de quien aterrizó

¡Qué fiesta chico!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ¿O fue la felicidad del conductor?

Y sí Pepito, ese eres tú:

Alma, corazón, mente, sentimiento y piel tranviaria.

Así son ellos,

Y yo la visitante: luego los calcino en este humilde relato

En especial cuando se sacan los ojos entre ellos

Puf, si estaré curao de espanto

Vos Pepito bajá el trole

Y yo los calcino para la vergüenza ajena.

Mejor ni recordar

Los recuerdos lastiman ¿verdad?

Desde la colorada con el campo de juego raso

Hasta el imbancable Vinagre Menoyo

Y lo vuelvo a dejar patente Pepito:

De mi pluma, nadie, pero nadie

Se escapa a acabar calcinado…

Ah……. No se preocupen, lo de calcinar,

No es por la catenaria ni el tercer riel…………….

¿Vale esta aclaración? Ya saben a qué me refiero………………

Café Ferroviario II: La caída del bunker de Ferrobaires

En un sótano de la estación ferroviaria de Mar del Plata, hay varios directivos de la empresa reunidos, y, entre ellos está éste, el administrador, Avogadro. Sobre el escritorio, hay un mapa de la red de Ferrobaires.

- Los ferroviarios rasos siguen cortando las vías en toda la red por toda la provincia… los principales están en el Roca y tres dispersos entre las líneas San Martín y Sarmiento. Se localizan en: Mar del Plata, Pinamar, Miramar, Tandil y Bahía Blanca por el Roca, en el Sarmiento se concentran en Bragado y Pehuajó y en el San Martín están en Junín…

Mientras habla, con el dedo señala en el mapa los cortes.

- Ojo administrador que también nos indican que se alzaron cortes en sitios menos pensados: en Bolívar y en Tandil…

- Recuerde que Liberali está en el corte de Mar del Plata – mientras con el dedo señala la ciudad de Mar del Plata.

Avogadro mira a los directivos – Manden urgente a la policía y a la gendarmería si es necesario, a despejar la ruta de Mar del Plata por la fuerza – hace gestos con la mano izquierda – eso les va a enseñar quién es el que manda y tiene el poder.

- Avogadro… Trezza…

- Trezza dio órdenes de no reprimir bajo ninguna circunstancia.

- No podemos desobedecer.

Nerviosamente, con tres dedos de la mano derecha, Avogadro se quita los lentes.

- Se quedan los Pedraza, Maturano, Coria y Moreno.

Se retiran todos menos los que menciona Avogadro - ¿¡Cuántas veces se los tengo que decir!? ¡¡Acá el que manda soy yo!! – golpea el dedo índice en el escritorio - ¡Todos lo saben, todo el mundo menos ustedes carajo!

Afuera están todos mientras Trezza escucha lo que dice Avogadro sumamente exaltado - Trezza no sabe hacer la O con un compás. Pero ustedes me dicen: “No podemos desobedecerlo” “No podemos desobedecerlo” ¡Esto es increíble! ¡¡Trezza lo único que sabe es de dinero y negocios!! – se levanta de su asiento y se dirige a los que quedaron con él - ¡¡De cuál va a ser su próximo negociado que va a hacer!!

- ¡Pero Avogadro, Trezza es el fundador de la Unidad, el ideólogo de este reducto ante Duhalde!

- ¡Duhalde las pelotas! ¡Si fue todo un negocio para seguir currando a las cuatro manos pedazo de pelotudo!

- ¡Pero Avogadro, él fue el continuador de los servicios de larga distancia en la provincia!

- Seguimos laburando con un material hecho mierda por dos mangos con cincuenta sin poner dos pesos encima carajo… ¡Dos mugrosos pesos! – se levanta de su silla – Acá el que se rompe la cabeza pensando en cómo afanar lo más posible y estafar a todos soy yo y lo vengo haciendo bien desde la época en que Ferrocarriles Argentinos se hundía al vigésimo piso del infierno… Así que no me vengan a decir que Trezza les dio una orden porque ese boludo ni siquiera terminó la escuela primaria ¡Si le cortan un dedo solo sabe contar hasta 9! No sabe cuánto es 2+2 ¡2+2 es 4 Trezza, pero no te da la cabeza! – alza la mano y la cabeza – La riqueza que cada uno de ustedes ostentan la hice yo solito como buen usurero que soy ¡Descontando fortunas de los sueldos a pobres ferroviarios infelices! – se sienta y se serena – No quiero que cuestionen más las órdenes que doy. Cuando digo algo… ¡quiero que se cumpla! ¡¡y con mano dura!! – con las manos da dos puñetazos al mismo tiempo al escritorio y se vuelve a levantar – No puedo creer… ¡que Maturano y su patota sean los únicos que hacen bien las cosas! ¡sin hacer preguntas, sin cuestionar nada! ¿Cuándo van a aprender a ser buenos ferroviarios como él? – se vuelve a sentar - ¡Me hacen pensar que Trezza les está sobando el “micrófono” a todos ustedes! ¡No me extrañaría que lo esté haciendo… si ese atorrante es lo más chanta que hay! ¡Se dejaría vender hasta la madre por unos mugrosos papeles verdes!

Afuera, consuelan a Condorí que llora – No te preocupes, Trezza no escucha desde ahí atrás…

Adentro, Avogadro sentado se serena – Yo lo quiero mucho a Trezza… ¿Qué otra persona como él tendría semejante capacidad para pensar en los negocios como él y darme pelota a un huevón como yo? Aunque sea por la guita…

Entre ellos se miran, uno se acomoda el cuello de la camisa.

- Y también la ambición por el poder… Aunque sea detengan a Liberali y también a todos lo que lo quieran defender a ver si con eso me saco un poco la mufa. Y hagan lo que les digo o Maturano los boxea – con la cabeza mirando al piso – Después vemos como sigue la cosa.

Café Ferroviario II: Delirios y locuras sobre rieles

Observación: Toda coincidencia con la realidad es pura casualidad

Desde la década de los 90 a esta parte, en nuestros rieles se han dado situaciones diversas en los rieles, más específicamente en la que hace a los empleados. Muchos coinciden que todo estaba arreglado, entregado como quien lo diría por ahí. Y así vinieron los despidos masivos y los arreglos, tal vez………………. El que zafó, fue porque tuvo un santo aparte.

De lo que bien poco y nada se dijo fue de quienes acabaron su destino en un loquero. Un número considerable de ferroviarios fueron a parar a ese sector ubicado en… en el sitio menos pensado: el loquero.

Durante largos años este loquero nunca se supo de su ubicación. Como para todo existe un pero, todo tiene un inicio, alguien decidió hablar. Así fue como Micaela Puelas, después de desandar durante tantos años el mismo camino, decidió poner fin a este secreto guardado bajo siete llaves. Porque se hartó de las promesas inconclusas y las mentiras en que los tienen inmersos. Porque tiene los pies en un país llamado Argentina y no se vive en una fantasía. La realidad que viene viendo es la desidia generalizada de gobernantes y hasta de los mismos ferroviarios – no todos -, pero una buena parte en sí.

Cuenta ella, que día tras día, los trenes se cobran nuevos locos. ¿Cómo es posible que un medio de transporte, como los trenes, se cobren locos? Muy simple: la mentira, el engaño y la obsecuencia se conjugan como para acabar sumido en una locura generalizada.

Partiendo del inicio, ¿dónde está el loquero? En el sitio menos imaginado. Muchos transitan delante de sus puertas, pero externamente parece una confortable casa de refugio. Las apariencias engañan siempre. Lo de las comodidades es cierto, pero está en……………… Bahía Blanca al 462 de Ingeniero White. En el sitio menos pensado ¿verdad? Y creer que quienes pasan camino al Taller Spurr pasan delante del loquero y nadie sospecha que adentro acaban todos los ferroviarios locos.

Se dice que una vez un empleado de FEPSA se planteó cómo en todo el barrio que circunda al Taller Spurr puede existir una casa tan bonita como esa. El problema es que ignora lo que existe.

Al inicio, todas las semanas, Micaela Puelas tomaba el tren desde Plaza hasta Bahía Blanca para visitar durante el fin de semana a su marido, Manuel Martínez Álvarez. Martínez Álvarez acabó en el loquero en julio de 1993 después que fuera despedido de la firma Ferrosur Roca. Hasta ese entonces, residían juntos en Ezeiza. Después de eso, Micaela se mudó desde Ezeiza a Bahía Blanca para estar más cerca de su marido.

A todo esto, lo que sucedía en el loquero era otro mundo. El de los internados. Para los familiares de los internados, un drama sin fin. Porque ni las obras sociales ferroviarias se hacían cargo de la atención de los internados.

El listado de internados es interminable……………. Un ejército de médicos y enfermeros al servicio de ellos para atenderlos. Y otro tanto más de empleados para limpieza, cocina y otras yerbas. El panorama es el siguiente: ellos viven inmersos en sus épocas de ferroviarios. Sus locuras y delirios les impiden ver la realidad circundante. Nunca se supo de ningún político ni sindicalista que fuera a dar una vuelta ahí.

De aspecto físico parecen normales, pero su parte psicológica es la alterada. Los vende solamente los ojos, un tanto saltones y esa mirada dispersa en el más allá. Así son todos. Pero ninguno guarda maldad con nadie.

Locuras y delirios hay a miles, estas son las más sobresalientes:

“De cuando fui a Mendoza, fue un gran sueño………… una realidad para cuando llegamos a Justo Daract el delegado nos pasó la factura de que habíamos robado dinero de la caja en estación General Levalle”

“Hace demasiado tiempo, en Palmira, ví como un tipo se subió a la máquina, la puso en marcha, y antes de que esta empezara a correr, se largó como un rayo”

“En mis viajes a las montañas, bien recuerdo el día de la nevada cuando nos tapó hasta la cabeza………. Puf, que frío madre mía pero nadie creía que estábamos tapados por la nieve”

“En Caseros se rompió la vieja máquina y se hizo pelota una rueda de un vagón… el pasaje se largó despavorido y salió caminando por la vía sin rumbo a ninguna parte”

“La invasión en Bahía Blanca fue de tal suerte que los telegramas no cabían en ningún rincón de la estación. Entonces, tuve que recurrir a limpiar puntillosamente el baño y, en cartones metí los telegramas… casi me muero cuando dos días después me los pidieron de vuelta: como un tonto no los había leído, los firmé como un tarado sin saber que ellos contenían mi legajo, adulterado, y la última hoja de todas, la 152, estaba mi echada fatal”

“Los cambios en Córdoba se reventaron el día que llegaron los cargueros con la carga hasta el tope y esa noche, bien recuerdo cuando bajé y el tren pasaba, la vía se hundió como cuando uno hunde el pie en un charco de barro. Medio convoy quedó enterrado hasta el cogote”

“El día que la máquina sin frenos se mandó en pleno hall central en Retiro con pasajeros y todo………………… sacado de otro mundo, el público caminaba como que si nada pasara”

“Allá en San Isidro una vez nos apostamos delante de un eléctrico para protestar contra el despido del ejército de sombreros… los guardas. Nos llevaron a la comisaría y al rato estábamos de vuelta reincorporados, pero todo fue mentira de ya sabemos quien……….”

“Odio a mis compañeros y quisiera que se murieran todos…………… ellos aceleraron mi final y con sus cagadas mucho peores que las mías. Hacen lo que quieren y así hicieron pelota el Belgrano”

“Ví perfectamente como entre ellos se pasaban la cometa bajo la mesa y en un papelito anotaban una lista de los indeseables. Según ellos, los indeseables eran aquellos que no se prestaban al juego de las tranzas… el buchón, como dicen ellos, les hizo un agujero en la justicia y ellos para cobrarse, no lo van a despedir, sino que lo iban a limpiar, cosa que hicieron. Lo desaparecieron. Creo que nunca apareció…”

Ellos no se creían Napoleón Bonaparte ni ningún personaje importante. Simplemente sus delirios y locuras giraban entorno a su pasado, a hechos vividos que revivían y dramatizaban… continuamente estaban medicados pero había como 10 que estaban atados a sus camas directamente.

Micaela Puelas al menos era muy afortunada: visita a su esposo a diario y pasa horas y horas con su esposo, Manuel. A sabiendas que la locura que tiene, es para el resto de sus días. Al igual que la de sus compañeros.

Son inimputables. Porque padecen un delirio mental. No comprenden lo que hacen.

Se cuenta, que desde que esto salió a la luz, una noche dos internados escaparon del loquero. Se fueron a la estación de trenes a vagar… se sentaron en un banco y vieron pasar a un guardatren que iba rumbo a la oficina del jefe. De repente, los cuatro ojos fijaron su mirada en la espalda del guardatren… en ese traje gris, se levantaron y caminando como hipnotizados fueron hasta él. Cuando fue a girar el picaporte de la puerta, sintió como violentamente era tomado por los internados, arrastrado por el suelo. Y entre los dos, con una inusitada fuerza, tomaron el cuello del guardatren… gritó hasta que no pudo hacerlo más. Se dio cuenta que su vida estaba siendo apagada por compañeros suyos a los cuales reconoció. Una vez muerto, dejaron el cadáver sentado en el banco y ellos lo hicieron a ambos costados. Y como no comprendían lo que hacían, los retornaron al loquero.

Eso sí, los ferroviarios de Bahía Blanca tiemblan: cuando se escapan los locos, siempre alguien termina muerto.