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martes, 27 de mayo de 2008

Cuentos de Alcoba XX: Elisabetta

2ª Parte


Elisabetta era sometida a revisiones técnicas, en tanto, oía las charlas de ellos, pero no podía saber absolutamente nada porque no entendía el idioma en que lo hacían. Más le siguió su melancolía “Vine a parar a un país donde no entiendo ni jota qué es lo que dicen... todo es a base de espanglish o cosa parecida... Sinceramente ¿Qué será de mi hermana Quequén, con quién me hice tan compinche? Ella que me enseñó a mirar los trenes de la misma forma que la matemática y la física astronómica... Bragado y su novio Cibriano, que se aman fogosamete... de Pepito y Flor que los dos como pelean, se reconcilian y ahora tienen el ardiente deseo de casarse... y yo acá... acá, sin destino a ninguna parte... Quiero volverme a mi casa, a mi destartalado ramal, con mis hermanas ¡Con mis raíces que me vieron desde mis orígenes!”

Cayó la noche en Hengelo y un tranvía le trajo un bonito y perfumado tulipán. Le dijo una frase en neerlandés. Ante la falta de respuestas, el tranvía le dijo en inglés “I love”. Elisabetta le dijo “¿Qué me has visto de bueno a mí para quererme así?”.

Y el tranvía prefirió usar lápiz y papel. Dibujó algo representando colores y una forma diferente, haciéndole ver que ella era muy diferente a sus hermanas locomotoras holandesas. Elisabetta le contestó de la misma forma, solo que ella dibujó un corazón con una flecha indicando un futuro por ahí.

Pero el tranvía ante el dibujo de Elisabetta no lo entendió y siguió tratando de enamorarla. Elisabetta no le prestó atención ninguna, aunque pronto recordó los amoríos entre sus hermanas, pensó “Si ellas tienen sus amores ¿Por qué yo no puedo tener el mío?”.

Mientras, el tranvía debió salir a servicio y Elisabetta siguió en el taller. El día acabó y otra vez el tranvía volvió a ver a Elisabetta, que se traía un diccionario para entenderle “Hola amor”.

Elisabetta miró sorprendida, le dijo “¿Buscas algo pibe?”.

El tranvía volvió a mirar y hojear el diccionario, hasta que armó “Tener espacio tu corazón”.

“¿En mi corazón? ¿Corazón de enamorados?” – preguntó Elisabetta.

“Sí” – dijo afirmativamente el tranvía.

Y en esas entraron dos ingenieros a paso largo al taller. Buscaban a la locomotora 7928, Elisabetta. Y la encontraron. Reportaron a las autoridades regresarla a su lugar de origen.

A Elisabetta se le fueron los nervios hasta la cabeza “¿Me deportarán?” – dijo.

Entre los ingenieros y personal de mecánica del taller de Hengelo pusieron todo en marcha para regresar a Elisabetta a donde había salido. Fue cargada a un carretón y nuevamente fue al puerto de Rótterdam, donde debió esperar turno para subir a un buque con destino al puerto de La Plata.

Mientras Elisabetta esperaba en Rótterdam, apareció ese tranvía que la amó tanto como un suspiro para decirle “Elisabetta, extraño tu ida, amarte fue muy lindo... lleva tu corazón a mi como recuerdo” – le dijo en un español entrecortado.

Elisabetta lloró. Vinieron los operarios para cargarla en la grúa ante la mirada del tranvía. “¿Sabes qué dicen ellos?” – le preguntó.

“Llámame Tilín. Después... creo que por comentarios, te envían nuevo a tu país” – le dijo.

Elisabetta y Tilín se miraron. Entre los operarios portuarios y los ingenieros de los NS hablaban entre ellos. Finalmente, la policía deportó a Elisabetta.

Tilín le gritó a Elisabetta en el buque “Te deportaron, no importa, yo voy a tu país!”.

“¿Me deportaron?” – preguntó Elisabetta.

“Sí. Nunca más puedes venir acá!” – le contestó Tilín.

En pocos minutos zarpó el buque. En tanto, Maribel llegó a Kilo 4 con noticias “Chicas, tengo novedades de Elisabetta”.

Y se juntaron entre todas, haciendo silencio. “¿Es bueno o malo?” – preguntó Mercedes.

“Chicas. Elisabetta se fue por su cuenta a Holanda aduciendo estar cansada de la rutina diaria de acá pero de esto hace algo así como 8 meses y chirolas. Ahorita mismo está viniendo en camino rumbo al puerto platense” – dice Maribel.

“¿Y quién la encontró allí?” – pregunta A630.

“No sé, pero deben haber sido todos los panfletos. Lo que sí puedo anunciarles que es la primera y la última vez que sale al exterior, por lo menos a ese país” – dice Maribel.

Dalceggio pregunta “¿Qué? ¿Qué es eso?”.

“Chicas la deportaron, no sé cómo sigue esta novela. Por el momento, démonos por satisfechas si la volvemos a tener con nosotras” – dice Maribel.

“Sí que la vamos a tener entre nosotras ¿Qué te preocupa?” – dice Pico.

“Que la manden al soplete” – contesta Maribel.

“Soplete... acá al soplete lo usan ustedes para jugar entre ustedes. Que juguete” – dice A630.

Elisabetta venía en camino y las cosas no serían nada fáciles. El viaje de regreso se le pasó más pronto y media mañana arribó al puerto platense.

Los operarios del puerto procedieron a su descargo en tanto que a metros simplemente estaban Lanús y Viviana esperándola. Cuando Elisabetta tocó tierra, Prefectura Naval Argentina la arrestó conduciéndola rumbo a un galpón.

Lanús y Viviana miraron lo que sucedía. Ambas salieron tras ella pero al intentar ingresar al galpón, fueron detenidas por un oficial de Prefectura, que les dijo “Acá no pueden ingresar”.

“¿Se puede saber el por qué?” – preguntó Viviana.

“Esas explicaciones deberán preguntarlas a quién tenga a cargo esta locomotora” – contestó el oficial.

“Pero hombre, yo estoy junto con ella, en la misma concesionaria” – dijo Lanús.

“Eso deberán preguntarlo a los ejecutivos, ustedes aparte, no representan nada si no hay una parte visible” – dijo el oficial.

Lanús y Viviana se miraron. Viviana dijo “Es evidente que nosotras somos un pedazo de fierro con ruedas que para lo único que servimos es para hacer lo que ciertas gentes indican que hagamos”.

“Por favor, no compliquen más el asunto, de lo contrario deberé pedir el arresto para ustedes también” – dijo el oficial.

“No hace falta oficial, ya nos vamos” – dijo Lanús y emprendió la marcha con Viviana rumbo a Kilo 4.

Al llegar a Kilo 4, Vega dijo “Ni digan nada, está todo bue´”.

Ante la frase, Lanús le dice “Bue´ estará en tu mundo, la cosa está hiper podrida, y algo pesada también”.

Cañuelas, como siempre, tenía un trago de caña, el cual cuando escuchó a Lanús, lo escupió, tosió y dijo “¿¡Qué!?”.

Pero Viviana las llamó a las demás “Chicas, tenemos reunión de consorcios y la quiero urgente ¡Ya!”.

Chivilcoy y Suipacha llegaron en primer lugar. Madariaga, Temperley y Doris llegaron luego. Pico, Cuenca, Mansilla y Dalceggio llegaron cuando se les ocurrió. Como siempre, tarde a las emergencias, llegaron Karpik, Bragado y Mercedes. Patagones asistió a la reunión porque pasaba de casualidad por el lugar.

“¿Qué urge ahorita?” – pregunta Mercedes.

“Urge que hay que declarar el estado de emergencia” – dice Viviana.

Las demás se miraron. Patagones dice “¿Y si fuera el de sitio?”.

“¡No tarada! Estado de emergencia porque hay que rescatar a Elisabetta” – gritó finalmente Viviana.

Entre todas se miraron. Pico hace una llamada a la oficina de los ejecutivos “Buenassss... ¿Saben qué podemos hacer para sacar a Elisabetta?” – pregunta.

“Sí, doña Pico, nos pidieron la módica suma de 20.000 sopes pero no sabemos ni de dónde vamos a sacarlos, por ahí la dejamos y...” – empieza a contar el desconocido del otro lado de la línea.

“Gracias jefe, eso es todo. Buenas noches” – dice Pico y corta la línea.

“¿Y Pico, qué sacaste en limpio?” – pregunta Temperley.

“Bueno, casi nada, necesitamos la módica suma de 20 luquitas yyyy... bueno, eso, amén de que tengamos algo de suerte de encontrarlos de buen humor” – dice Pico tomando la medida con soda.

“¡Pico! ¡No entiendo cómo puedes tomarte eso con tanta soda! ¡Esto es trágico! ¡Es mi hermana...!” – dice Doris y casi se le escapa un insulto a Pico.

Entre las chicas de Kilo 4 debaten cómo juntar el dinero para la multa y sacar a Elisabetta del puerto de La Plata. Lo primero que organizan es una venta y remate de chatarra del lugar. Luego Mercedes acordaría con Marina juntar colaboraciones. Quedaba pendiente la participación de las vaporeras.

A los pocos días armaron un remate en Kilo 4, donde recolectaron 1500 pesos en la venta de las peores chatarras. Luego en Escalada hicieron lo mismo, donde en la venta de partes juntaron unos 1500 pesos.

Marina tuvo la ocurrencia de organizar colectas. Hasta se fue a ver a un personaje no muy aceptado, Ariadna.

“Ariadna, tengo algo por plantearle” – dijo Marina.

Ariadna la miró sorprendida, le dice “Extraño de parte tuya que vengas a verme, pues no tengo buena fama entre vos y tus hermanas”.

“Acá no se trata de la fama, sino es que estoy organizando una colecta” – dice Marina.

“¿Colecta? ¿Y para quién?” – pregunta Ariadna.

“Es que necesitamos saldar una multa de 20.000 pesos” – dice Marina.

“Que yo sepa, ninguna de ustedes tienen deudas así, de modo que si fuese nuestra, muevo cielo, tierra y mar, pero sospechando que se trata de algo para vecinos, equivocaste por completo a quién venir a ver” – contestó tajante Ariadna.

“Entendido, no se dijo nada” – dijo Marina y pegó media vuelta.

Desde atrás, Ariadna gritó “Ojito con lo que haces”.

Marina murmuró “Sí, si claro... Yo me salgo con la mía”.

Cuentos de Alcoba XIX: Elisabetta

1ª Parte


En los galpones de Remedios de Escalada, conviven locomotoras de dos concesionarias: Ferrobaires y Metropolitano. Entre las locomotoras que conviven en el lugar, se encuentra Elisabetta.

Elisabetta no está sola obviamente, pues a ella la acompañan algunas hermanas más, sumando también aquellas que transitan cortos tiempos. Hace mucho tiempo, tanto que no se tiene ni idea, ella vino a parar ahí después de un incendio en General Rodríguez.

Pasó mucho tiempo ahí, pero en el sector de reparaciones. Mientras era reparada, tenía tiempo de sobra para compartir con sus hermanas del lugar. Pero un buen día, su reparación acabó: era hora de volver a los rieles.

Estaba muy contenta por regresar a servicio: es que volvería a uno de los corredores más abandonados de todos: precisamente, aquel que muere en Bolívar, un poco más allá con Daireaux.

Sus primeras veces le resultaron muy apasionadas, máxime si ella tenía en cuenta que hacía mucho que salía a la vía. Y hasta se daba el lujo de hacerle burlas a su melliza Doris por el arrebato que le hacía.

“Doris... ¡Mira que te arrebaté el Bolívar!!!!” – le hacía burlas Elisabetta mientras salía con el tren desde Plaza. Y Doris la miraba con envidia. Le decía “¡Algún día las pagarás!”

Su pasión terminó convirtiéndose en una rutina. Elisabetta, cansada de rodar todos los días el mismo ramal, un día anunció a sus hermanas de Kilo 4 “Creo que daré un paseo”.

“Sí, dale, acá nadie te dice nada muñeca” – contestó Madariaga creyendo que era un comentario sin interés alguno.

“Pero sí, hasta si quieres, te consigo una pequeñita estancia en Polvorín” – le dijo Bragado.

“¿Me dejarás el Bolívar a mí?” – preguntó Doris inmediatamente.

“¿El Bolívar? Pues sí, llévatelo entero, te lo doy con estuche y todo” – le contestó Elisabetta.

“¡Gracias! ¡Ahora es mío!” – gritó Doris.

Mientras Doris festejaba, Elisabetta armaba su valija viajera. Tomó un mapa, fue al surtidor donde cargó combustible y se dirigió a La Chabona “Me voy a probar suerte a otro ferroca”.

La Chabona la miró sin entender, hasta que le dijo “Te aconsejo Ferrocentral, pero si no quieres tantas vueltas, vé allá debajo de esta provincia, la vas a pasar bien”.

Pero Elisabetta le dijo “No Chabona, tal vez en unas horas más esté navegando por el Atlántico” y se fue rumbo al puerto de La Plata.

La Chabona, ante la frase de Elisabetta, corrió a decirle a las demás “Che, esta está pirucha!”

“Ya va a volver” – le dijo Chivilcoy a La Chabona.

En Kilo 4 no le dieron interés alguno a los anuncios de Elisabetta de irse a probar suerte a otro ferrocarril. Solita enfiló embocando los cambios que la llevaron finalmente hasta el puerto de La Plata.

Una vez en el puerto, los operarios portuarios la cargaron al buque que saldría con destino a Rótterdam. Elisabetta, miraba y trataba de despedirse de las últimas veces que estaría en el país, pues así ella lo había indicado.

Cuando el capitán del buque dio la señal de partida, a Elisabetta se le cayeron algunas lágrimas de ver cómo se alejaba del puerto, que dejaba atrás su tierra, sus vías donde la vieron rodar por varios años... mientras el puerto platense iba alejándose cada vez más y más, su tristeza parecía no tener consuelo.

Así vió perderse en el horizonte el puerto platense y solo se vió a bordo del buque y en el medio del agua. Ella solita ignoraba el tiempo y el espacio, solo tenía tiempo para pensar en los mejores momentos.

Cayó la noche, el cielo se pobló de estrellas. El buque seguía camino a Rótterdam. Ya estaba muy lejos de América, ahora navegaba solitaria por el medio del mar.

Y poco se durmió. Despertó en el medio de la noche. Miraba y seguía mirando pero ella seguía su camino rumbo a Rótterdam. Cada tanto volvía su mirada hacia el Oeste, sabía que yendo hacia el Oeste llegaría nuevamente a su tierra prometida, su país que la vió nacer, crecer y ser lo que es hoy.

Pero Elisabetta tenía puesto bien en claro que su país le está dando muchos dolores de cabeza. Solo empieza a recordar los dolores de cabeza en Ferrobaires, que sabe mucho del maltrato y cero mantención, de la última y cancina reparación.

A la vez también le invadieron los mejores recuerdos: sus andanzas junto a Doris, Loretta, María, Mónica y tantas otras hermanas suyas en el Urquiza en épocas memorables, sus paseos por el litoral, estancias en los galpones de Lynch con Monte Caseros y Yatay... Hasta que un día sintió que la estaban arrancando junto a Doris para ir a parar a vías sin destino a no se sabe donde.

También pensó en la época dura: entonces se sintió sobreviviente, porque su ciclo de rodar no finalizó, como el de varias hermanas suyas. Pero lamentó a la vez haber perdido todo contacto con ellas...

Sus pensamientos pasaban como una cinta sonora y los kilómetros seguían pasando. Finalmente, al amanecer en el medio del mar, se volvió a dormir.

Horas más tarde, el buque tocó puerto en Coimbra. Luego siguió navegando unos largos kilómetros más hasta que se internó por el Canal de la Mancha, luego lo hizo por Paso de Calais y volvió a tocar puerto en la localidad de Calais, en Francia. Allí cargaron un coche y el próximo destino era Rótterdam.

El buque siguió camino hasta internarse en el Mar del Norte. Elisabetta despertó y aún seguían en el medio del mar. Solo el capitán del buque sabía la dirección a seguir para llegar a destino.

Elisabetta estaba ansiosa de llegar. Sus ansias aumentaron cuando vió el gran puerto de Rótterdam. Pensó “Que gran ciudad de contenedores”. En efecto, Rótterdam no solo es una gran ciudad de contendores, sino también una ciudad de barcos y buques que en todo momento, a toda hora entran y salen con diversas direcciones.

Y el buque aflojó la marcha hasta adentrarse por un canal donde estacionó. A tierra bajaron los tripulantes y los operarios del puerto comenzaron a descargar el buque. Descargaron tres contenedores, un coche, un cisterna y después le tocó a Elisabetta.

Por un momento, Elisabetta estuvo en lo más alto que podía estarlo. Es que una grúa de gran porte la sujetó del bastidor, la sacó del buque y la bajó a tierra.

Los ingenieros de los NS que la estaban esperando, verificaron que la trocha de Elisabetta era mayor que la que ellos acostumbran a utilizar. Entonces la embarcaron en un carretón y se la llevaron a un taller en Rótterdam. Allí lo primero que hicieron fue el retrochaje: le adaptaron sus ruedas a la trocha media que utilizó alguna vez en sus servicios en el Urquiza.

Pero pasó una semana solamente en el taller de Rótterdam: allí, ingenieros y mecánicos la examinaron detalladamente, sin dar lugar a que no se escapara de su ojo ningún elemento sin funcionar o que estuviera dañado. Aunque debió quedar allí dado que le detectaron una de sus ruedas con una severa falencia.

Elisabetta no entendía la lengua de aquellos nuevos ferroviarios. Tampoco podía ubicar con quienes poder entablar un diálogo. Solo sabía que en su entorno las cosas estaban bien moviditas.

Al inicio, esta aventura de probar suerte en un nuevo ferrocarril, estaba saliéndole bien, se sentía a gusto. Pero llegó el momento de prestar servicio.

Su primer corrida fue un tren carguero, un tanquero. Se desplazaba desde Rótterdam hasta Haarlem. Ese viaje lo hizo sin anomalías, más también la estaban poniendo a prueba y ella estaba conociendo nuevos paisajes.

Luego siguieron diversos viajes, Haarlem a Ámsterdam, a La Haya, a donde fuera, pero de tantos lugares donde la mandaban, la terminaron mareándola. Un día, en el depósito de locomotoras de Hengelo, dijo “Este país es muy chiquitito y se conoce en pocos tiros, encima, la red ferroca es más complicada que perdí la noción del rumbo”. Otras locomotoras que estaban ahí, no entendieron qué fue lo que dijo, solo se limitaron a mirarla, pero solo una le dijo en inglés “Who is you?”

Elisabetta le contestó en un inglés trucho “Yo am Elisabetta”.

“Ah... Elisabetta... Where are you?” – volvió a preguntarle.

“Yo soy argenta, a toda honra” – dijo en castellano Elisabetta.

“What Elisabetta?” – preguntó la locomotora.

“Argentina” – contestó Elisabetta.

Entre pitos y flautas, hacía como cuatro meses que Elisabetta estaba en Holanda. Sus hermanas, en Kilo 4, estaban desesperadas por su desaparición. Habían reportado su extravío a la concesionaria, fueron a la policía y a cuanta autoridad tuvieron a mano. Pero parecía que a Elisabetta se la había tragado la tierra. Ahora estaban probando con la distribución de panfletos por todas las líneas de ferrocarril. Los panfletos llegaron hasta los depósitos, a Lynch, Tolosa, Saldías... hasta en Polvorín, donde están los tranvías había panfletos. Pero nadie sabía nada de ella.

Elisabetta, en tanto, continuaba prestando servicio en la red holandesa de ferrocarriles en óptimas condiciones. Uno de sus conductores, una vez la elogió ante sus compañeros por el rendimiento. Y eso la ponía muy contenta.

Hasta que un día pensó “No puedo seguir recibiendo alagos y alagos si extraño mi tierra, a mis hermanas... estas chicas de acá nada hacen a mis hermanas que podremos jugar con el soplete, podremos hacernos percha con él, pelearemos, nos insultamos pero nos queremos y nos cuidamos... las extraño afanosamente y extraño hacerle burlas a mi melliza Doris cuando le arrebato el Bolívar... no puedo dejar de pensar en esas estaciones donde más de una vez soy el fantasma que llega para darle alegría a los pasajeros... ellos que se aguantan todo cuanto pueden y yo dejé la tierra, mi tierra, del tango y la chacarera cuando podía, alguna vez me he escapado a Mar del Plata y a otros lugares posibles... Pero bueno Elisabetta, tomaste la decisión de venirte acá, ahora me las he de aguantar, porque es imposible dar vuelta este destino, por el momento, me condeno a seguir acá pero no sé si alguna vez volveré con mis hermanas...”.

Ese día despertó con demasiada melancolía. Fue conducida a reparación a Hengelo, donde allí se encontró con unos muchachos poco usuales: los tranvías.

lunes, 26 de mayo de 2008

Número 13

Las fotos corresponden al número 13 de Trenes de Honor, pero no aparecen los textos











Fotos gentileza: Rieles Latinoamericanos

domingo, 25 de mayo de 2008

2003 – 5 años de mí – 2005: Como buenos amigos

Nota: Es un cuento de terror. Están avisados


2ª parte


Sonó el celular. Valeria se obligó a quedarse delante de la bacha hasta verla vacía y asegurarse que no salía más agua. Después atendió el celular.

Al ver la pantalla iluminada, le saltó el nombre de Silvina.

  • Es Silvina Fiori, ¡chicos! – gritó feliz.

Nelson acudió a donde estaba sentada Valeria con la nena en brazos que estaba llorando.

  • ¡Valeria! – gritó -. Andrés quiere matar a la nena, pero no sin querer. ¡La quiere matar a propósito!

  • ¡Mentira! – gritó Andrés, que estaba por detrás -. Sos un mentiroso rematadamente mentiroso, Nelson ¡No jodas más la paciencia!

  • ¡Lo odio! – gritó Andrés -. Quiero que no exista más, Valeria, por qué tengo que soportarlo.

  • Cállense – pidió Valeria -. ¡No oigo nada! ¡Hagan lo que quieran, pero cállense! Nelson ve a limpiarte toda la mugre que tienes encima y no oigo nada.

  • Valeria dijo que hagan lo que quieran – le dijo Nelson a Andrés, que sonrió y dejó de gritar. Llevando a Carolina en brazos, se fueron al baño y Nelson se limpio la suciedad que tenía encima.

Valeria volvió a prestar atención a la voz de Silvina, que provenía desde el celular. Entregaba una atención absoluta, concentrada. Al principio sonreía. Después dejó de sonreír. Después hizo gestos que eran inútiles, porque su interlocutora no los podía ver. Después cortó y sintió que tenía ganas de llorar y que quería estar sola. Después escuchó un ruido largo, complejo y violento. Andrés gritó. Valeria salió corriendo del camarote hacia el baño.

Parado sobre el lavatorio, Andrés gritaba asustado. Nelson trataba de no llorar, milagrosamente entero en medio de los cables colgando del techo. Andrés había trepado al lavatorio para ver los cables (o revolver). Los tirones hicieron que quedaran colgando. La bebe estaba bien, llorando eso sí. Tuvo más ganas de llorar.

Levantó a la bebe, harta de soportar los despelotes de sus amigos y se fue al camarote. Minutos después aparecieron tanto el guardatren como el inspector.

  • Señorita, disculpe, pero hemos de hacerle un llamado de atención...

  • Si es por despelotes, ya estoy resignada – contestó con ganas de llorar -.

  • No llore, pero por todos los inconvenientes generados, no queda otra que abonar una multa.

Valeria abonó la multa sin decir nada. Realmente quería llorar y no le salía. Hasta que finalmente le salió. Delante del camarero.

  • ¡Quiero que se acabe ya esta pesadilla infernal a Córdoba! – gritó-.

  • Falta un tironcito – le contestó el camarero, consolándola.

Y miró hacia el techo. Se encerró en el camarote. Afuera estaban Andrés y Nelson, que bastante le habían hecho pasar. Valeria se sentó en una de las camas, apoyó la cabeza sobre una toalla y se puso a llorar. Lloró y lloró, aliviándose, sintiendo que un sollozo provocaba al otro.

Muy lentamente, tratando de no hacer ruido, dio vuelta la llave en la cerradura y abrió la puerta de golpe. Andrés, que estaba del otro lado apoyándose con todo su peso, cayó sobre el suelo alfombrado golpeándose su calvicie. Camino hasta el coche comedor a buscar leche. Nelson, sentado, sostenía a la bebe sobre su falda. Le dio una trompada en la cara, arrancándole la bebe de los brazos. Nelson tropezó contra una silla y eso le dio tiempo a Valeria de adelantarse. Pronto estuvo otra vez en el camarote con Carolina. Andrés golpeaba la puerta con los puños y gritaba. Pero Valeria estaba encerrada en el camarote.

Su bebe. Chiquita. Indefensa. Suya. Valeria la abrazo, la olió. La leche empezó a fluir otra vez, mansamente, de sus pechos. Examinó que Carolina estuviera bien. Estaba todo bien. Puso su cara contra la de la bebe, tan suave, cubierta por un vello rubio casi invisible. Despedía calor, amor. Valeria la acunó mientras le cantaba una dulcísima melodía con palabras. Movía incontroladamente los bracitos como si quisiera acariciarla, jugar con su nariz. Tenía las uñitas cortas: no representaban peligro ninguno. La bebe sonrió con su sonrisa desdentada.

Se oyó un toc toc en la puerta del camarote. Valeria fue a abrir. Era el inspector.

  • El tren ha llegado a Córdoba.

  • ¿Será el fin del infierno?

Tal vez sea así.

2003 – 5 años de mí – 2005: Como buenos amigos

Nota: Es un cuento de terror. Están avisados


1ª parte


Andrés gritó. Valeria estaba en el baño. La edad de Andrés supera los 40, un poco pelado y algunas canas en su barba. Contextura normal para ser hombre. Podía gritar e insultar muy fuerte durante un tiempo prolongado. Valeria conocía a Andrés como si este fuese su hermano mayor. En el trato que tenían, la mayoría de las veces se reducían a visitas a las cabinas, suficientes para conocer las idas y las vueltas, y la forma de ser de este gran amigo.

Pero Andrés gritaba y gritaba muy, muy fuerte. Tan fuerte lo hacía cuando tenía un accidente en el trabajo, cuando alguien se le atravesaba en la vía imprudentemente, cuando se le perdía el abrigo olvidando que lo había dejado en el coche, cuando discutía con sus compañeros y cuando peleaba con su novia. Todos los gritos parecían similares en volumen, en pasión, en intensidad. Solo cuando sabía de la visita de Valeria u otras amistades a las que quería con todo, se volvía asombrosamente silencioso, esperando el momento para saltar callado, felino, sobre su presa. El silencio era, entonces, más peligroso que todos los gritos: ese silencio en el que Valeria había encontrado una vez a Andrés oprimiendo a Carolina, la bebe de Valeria, haciendo presión sobre su rostro (la boca y la nariz), la dejo casi azul.

Andrés grito, gritó y gritó. Valeria había ido al baño, se enjuagó con cuidado, con urgencia, bajo el chorro de la canilla y, secándose todavía con una toallita que tenía encima, corrió por el pasillo hasta el camarote donde estaban ella con la bebe, Andrés y Nelson. Andrés estaba tirado en el suelo, gritando. Nelson le estaba dando trompadas y patadas en la cabeza y el cuerpo, en forma rítmica. Por suerte Nelson no tenia puestos los zapatos colegiales.

Valeria tomó a Andrés de la chomba y lo puso contra la pared, con fuerza, tratándole de demostrarle, con calma y con firmeza, que le estaba dando el castigo merecido por haberle querido hacer daño a su hijita. Tratando de no demostrarle que tenía ganas de vengarse, de hacerle daño.

Después se acercó a Nelson y lo ayudo a levantarse. Lo calmó para que dejara de agredir a Andrés. Le acariciaba el rostro y los hombros, sentada en el borde de la cama. Nelson lloraba en silencio. Era un hermoso milagro que la bebe no hubiera despertado. Entonces, Valeria buscó en su bolsillo del saco un caramelo, Nelson continuaba llorando pero se lo agradeció. No lo comió.

  • Te agradezco, guardalo para ti – dijo Nelson.

  • Yo sí lo quiero – dijo Andrés -. Si le ofreces a Nelson, no lo hagas delante de mis narices.

  • Eres caradura. Tú, Andy, más bien no te mereces que te nada de parte mía después de lo que quisiste hacer con la bebe.

  • No jodas Vale, dale que tenés caramelos – dijo Andrés. Y ahora Nelson estaba de su lado. Entre los dos intentaron meter las manos en el saco de Valeria, que quería quitárselo. Andrés la llevó contra la pared mientras Nelson le metio las manos en los bolsillos. Valeria sacó las manos de Nelson de los bolsillos con brusquedad. Calma. Firmeza. Autoridad. Amor.

  • ¡No! Mis bolsillos no se tocan.

  • Tenés más, tenés más, no seas ¡dale! – gritaba Andrés.

  • Dale, sacalos, tenés – se sumó Nelson.

  • Chicos, es muy tarde, sugeriría apagar la luz por la beba, hay que dormir – dijo Valeria. Autoridad. Firmeza. Culo.

Andrés y Nelson la dejaron y se pusieron sus pijamas. Ambos se fueron a sus camas, en tanto que Valeria se acostó junto a la bebe. Andrés había fijado sus ojos en Carolina. Valeria pensó que dormidos iban a hacer un viaje a Córdoba más tranquilo. Apagó las luces y apenas dejó un foquito encendido.

Ambas dormían en la cama plácidamente cuando Andrés se levantó silenciosamente y fue al baño. La bebe despertó y empezó a llorar. Como una respuesta automática de su cuerpo, empezó a manar leche de su pecho derecho empapándole el camisón. Sonó la puerta.

  • ¡Un momento! – dijo Valeria hacia la puerta.

Buscó el pasaje y con la bebe en brazos abrió la puerta. Era el guardatren que pedía los boletos. Era un hombre medio gordito, canoso y algo petisón. Nunca lo había visto, pero ninguno permitiría, salvo alguna emergencia, que ingresara al camarote.

El olor a leche enloquecía a Carolina, que lloraba y picoteaba el camisón como un pollito buscando granos. El guardatren revisó el pasaje, lo picó y se lo devolvió. Valeria quedó mirando al guardatren alejarse y pasar por los restantes camarotes pidiendo los pasajes. Después volvió adentro. Sacó un vaso y puso un poco de la leche que le había quedado calentita en un jarrito. Se sentó para amamantar a la bebe. Cuando se le prendía al pecho, ella sentía una sed repentina y violenta que le secaba la boca. Sentía también que una parte de ella se iba a través de los pezones. Mientras Carolina chupaba por un lado, del otro pecho partía un finito chorro pero con mucha presión. Cuando Carolina estuvo satisfecha, se la puso sobre el hombro para hacerla eructar. Ahora había que cambiarla. También debía quitarse el camisón mojado ella. Sin que sus amigos lo supieran. Primero cambiar a la bebe.

Fue al baño. Le quito los pañales sucios. Los enrolló y los metió en una bolsa para luego llevarlos al cesto de la basura. La chiquita se sonrió con su boca desdentada y agitó las piernas, feliz de sentirlas en libertad. Le lavó la cola en una bacha con agua tibia y con una toallita le pasó óleo. La cola no estaba paspada. Apareció Andrés.

  • Andy ¿Me puedes llevar a la beba al camarote mientras tiro esta bolsa y me lavo las manos? – pidió Valeria.

Andrés llevó la bebé con inesperada, inhabitual rapidez. La dejó en la cama y regresó por Valeria. Traía las manos mojadas.

  • ¿Qué pasó que tienes las manos mojadas?

  • Nada, Vale, estaba curando una herida.

Nelson gritó. Valeria corrió al camarote. Los gritos eran muy fuertes y provenían de ahí, del camarote de donde estaban. Andrés se plantó delante de la puerta.

  • No entres ahí, Vale, de verdad, por favor, no entres, perdoname.

Los alaridos de Nelson eran más fuertes que el mismísimo sonido del tren. Deslizándose por debajo de la puerta del camarote, un flujo lento y constante de agua jabonosa inundaba el pasillo haciendo crecer una mancha de color oscuro. Valeria sacó del medio a Andrés y abrió la puerta. Nelson tenía la cara pintada de varios colores y en el pelo de Carolina un pegote de pasta dentífrica. Su bolso estaba revuelto y sus cosméticos, tirados en el suelo, empapados, en medio del charco de agua que provocaba el desborde de la bacha. Andrés había salido del lugar, seguramente, para evadir la situación.

Valeria saco el tapón de la bacha y forcejeó con las canillas.

  • No pude cerrarlas – lloriqueó Nelson.

Para Valeria tampoco era fácil. Habían sido abiertas hasta el punto de ser trabadas. Después de varios intentos, lo consiguió.


Continuará...

2003 – 5 años de mí – 2008: La carta que nunca llegó

En todos los televisores cordobeses, resonaba la siguiente noticia “Tragedia ferroviaria”. Y aparecían las primeras imágenes del tren local de Ferrocentral que había chocado de lleno al carguero de NCA. A esta altura, todos sabían que quienes llevaban los trenes no estaban en vida, pero en medio de tanto dolor, Horacio Drewry, enfundado en su uniforme gris de guardatren, mientras camina al lado de los hierros retorcidos, en ellos va a encontrar una carta.

Levanta ese sobre y ve que está dirigido a Julieta. Abre el sobre y saca ese par de hojas tamaño oficio, tipo block, escritas en puño y letra. He aquí lo que decía:


“Querida Julieta:


¿Viste que rápido pasa el tiempo? Y sí, hace ya como un largo año que andamos juntos, con altibajos, pero bueno, no me es extraño.

No pienses que cada vez que me rajo me olvido, no, al contrario, te llevo conmigo como una postal, lamento no tener una fotito tuya, para pensar que estoy tan lejos y tan cerca de ti... pero lo mejor es cuando te tengo delante de mí para darte ese abrazo de oso después de un largo viaje, besarte hasta el cansancio y estar en la cama toda una eternidad.

Sé que has tenido un serio incidente con los capos del hospital de Villa María, ya te dije el remedio, un poco extremista, pero tomá fósforos y querosene, porque la basura, si no la quitas de raíz, la tienes floreciente otra vez.

Sé que como profesional de la salud podrías haber elegido comprarte un cochazo de aquellos pero la verdad, me encanta ese citroen que elegiste, por eso es que donde puedo ayudarte a conseguir los originales, dale, porque ese auto, es una reliquia, un fierrazo (Como los que tengo los 365 días del año).

Hace mucho tiempo que estoy lejos de casa y cuando llegue a Villa María, juro que estaré tan abatido que cuando vaya a mi casa, haré un desvío para dejarte estas líneas y al día siguiente llamarte por teléfono. Necesito dormir, mi físico me lo pide. Es compleja la vida del viajante, aunque verás, tú has visto las hermosas fotos de las sierras que he sacado, parecen salidas de otro planeta!

Son los pros y los contras de mi laburo.

No renuncio a estar sin tu grata compañía, porque de lo contrario, estaría algo solo. En mi casa, mirando basura en la tele (porque lo que hay es porquería) y estar contigo me hace muy bien, como escuchar música, la buena música.

Me gustaría, ya te lo dije, llevarte de vacaciones a algún sitio. He ido con amigos y compañeros y ahora quisiera que fueras tú. Nosotros solos.

Amorcito: te confieso que a la vera de la vía hay muchas tentaciones, que a decir verdad, de físico son muy chotas, pero no las culpo, ellas se ganan la vida con ese trabajo, si algún día llegases a saber que te he sido infiel, aceptaré tu enojo, y, hasta también, tus cachetazos haciéndome saber que te he metido los cuernos.

Lo que un hombre hace por una mujer...

En este momento estamos distanciados, por eso te envío estas líneas. Estás enojada conmigo, te pido perdón. Por sobre todas las cosas, hay algo que te quiero decir... y no me animo.


Edi”


A Horacio, los ojos se le pusieron vidriosos. Tomó su birome, y con su mano izquierda escribió al pie de la carta: “PD: Julieta: Edi, como le dices, te está acompañando desde el cielo...”. Doblo la carta, la guardó en el sobre y cuando regresó a Villa María, en vez de entregarla a su destinatario, la arrojó en un cesto de basura. Y siguió camino a su casa.

Julieta tardó un largo tiempo en saber que su novio no estaba más en vida.

domingo, 4 de mayo de 2008

EL POETA DEL RIEL

Texto: Andrés Santos

El contenido fue corregido por la autora del blog


PROLOGO


EL SIGUIENTE ES UN ARTICULO PREPARADO SOBRE UN REPORTAJE HECHO EL 13 DE MARZO DE 1998 EN LA CIUDAD DE BOLIVAR A UN COMPAÑERO QUE SE JUBILO HACE RATO Y EL TIEMPO QUIZO QUE ESTAS LINEAS DURMIERAN EL SUEÑO DE LOS JUSTOS EN UN OLVIDO NO PREMEDITADO, PERDONABLE EN AQUELLOS VERICUETOS QUE PERMITEN LA AMISTAD.


-DESDE EL CORAZON SE LES GUSTARA-


LLEVADO A BOLIVAR POR UNA VACANTE FERROVIARIA, CONOCI A VARIOS COMPAÑEROS QUE BIEN VALEN UNA HISTORIA PARA CONTAR.

PERO LA DE ESTA PERSONA A QUIEN HARE REFERENCIA SOBRESALE POR SUS ACTIDUDES HUMANAS, POETICAS Y FERROVIARIAS, ME REFIERO A SANTOS VEGA, UNA LUZ QUE ILUMINA LOS DIAS...

RELATA -ME AFLORA UN RECUERDO CUANDO PASANDO POR LA LINEA DEL VIEJO PROVINCIAL, LA VI ASI TAN ABANDONADA, ELLOS DECIAN “REESTRUCTURACION” CUANDO EN RALIDAD ERA OTRA COSA-


“HERRERAS VEGA” -POEMA-

“VIEJA ESTACION QUE HOY TE VEO TOTALMANTE ABANDONADA,

YA NO TE QUEDA NADA,

DE LO QUE FUERA TU ORGULLO,

NO SE ESCUCHA NI UN MURMULLO,

EN TU ALMA DE TAPERA,

Y TU FACHADA ALTANERA

QUE FUE SIGNO DE PROGRESO,

ES UN ALTAR OLVIDADO,

DONDE NADIE LLEVA UN REZO.

EN LOS RINCONES DEL TECHO

LAS AVISPAS HAN POBLADO,

SUS NIDOS AGUJEREADOS,

CUELGAN COMO LAGRIMONES,

LOS CARDOS SIEMPRE MIRONES

SE ASOMAN POR LAS VENTANAS,

CON SUS FLORES AZULADAS

MOSTRANDO LA PRIMAVERA.

Y EL GRAMILLON A CRECIDO TANTO

QUE HA TAPADO LA TRANQUERA.

TE MIRO COMO A UNA AMIGA

Y ME LLENO DE TRISTEZA,

Y HASTA AGACHO LA CABEZA

POR SENTIRME ALGO CULPABLE,

YA NO HAY PALABRAS AMABLES

PARA CALMAR TANTO DAÑO.

¿QUIÉN FUE EL HOMBRE TAN EXTRAÑO?

QUE DECRETO TU ABANDONO,

EL PUEBLO LO HABRA OLVIDADO,

PERO YO NO LO PERDONO.

TE LLAMAS HERRERAS VEGAS,

SEGURO POR LOS DONANTES,

ESA COLONIA PUJANTE

HIZO TU ESTACION TRIGUERA.

HOY SOS SOLO UNA TAPERA,

PARA MI SOS LA ESTACION,

TE LLEVO EN EL CORAZON,

DEL INOLVIDABLE DIA

CUANDO LLEGUE A TI

DE LOS PAGOS DE BAHIA..”


NACIDO EN PUAN, EL 13 DE NOVIEMBRE DE 1930.

ERA EL MENOR DE 6 HERMANOS, INGRESO AL FERROCARRIL SUD EN 1948, INICIANDO SU CARRERA EN BAHIA BLANCA COMO PRACTICANTE, A FINES DE ESE AÑO LLEGO A NEUQUEN COMO DEPENDIENTE DE ENCOMIENDA Y LE CAYO JUSTO LA LLAMADA DEL ENROLAMIENTO, TAMBIEN VIO COMO SE SUCEDIA EL TRASPASO DE LA EMPRESA PRIVADA INGLESA A MANOS DEL ESTADO, DEVENIDO AHORA EN F. C. N. G. ROCA, ASI PEGO 2 VACANTES, UNA EN ZAPALA Y OTRA EN DARWIN, ACEPTANDO ESTA ULTIMA COMO TELEGRAFISTA, ALLI PUDO VER LOS GRANDES MOVIMIENTOS QUE HABIA EN ESOS AÑOS, FORMACIONES DE PIEDRAS LAJAS, PIEDRA VARITA, MADERA, CARBON DE COTRAALMIRANTE CORDERO, TRENES 3013, 3015 -VACIOS-, 3014, 3016 -CARGADOS DE PETROLEO DE CHALLACO -NUEQUEN-, ALLI EN DARWIN PESABAN LOS TRENES EN VIA TERCERA DONDE SE ENCONTRABA LA BASCULA. -UN RELATO DE AQUELLOS AÑOS: “TENIAMOS 14 VIAS, 2 LOCOMOTORAS DE PILOTAS, PEONES ENTRADORES DE TRENES, QUE LOS UBICABAN EN DESVIOS CON CAPACIDAD PARA 800 EJES, TODA FORMACIÓN QUE SALIA A PRINCIPAL LLEVABAN POR COLA UNA LOCOMOTORA DE AUXILIO HASTA EL KM 67 –KM 966,885 DESDE PLAZA CONTITUCION- PASANDO CHOELE CHOEL CON PERMISO DE BASTON PILOTO AUXILIO.”


“SUS AROMAS A TILO INUNDABAN LA ESTACION, TAN HUMILDE VERLA A LAS 4 DE LA MAÑANA, AL TOMAR SERVICIO, PODIAS SENTIR SU ENCANTO”


PLAZA DE LA ESTACION


“TAL VEZ POR SER TAN BONITA,

TE PUSIERON AQUÍ ENFRENTE,

ARREGLADITA Y DECENTE

COMO UNA MUCHACHA BUENA,

ESLABON DE LA CADENA

DE PLAZAS DE MI CIUDAD.

TE DIVIDE EN LA MITAD,

LA AVENIDA RUMOROSA

QUE POR SER LA PRINCIPAL

SE SIENTE TAN ORGULLOSA.

EL MONUMENTO A BOLIVAR

ESTA INFUNDIENDO RESPETO

A ESTE BARRIO DISCRETO

AL QUE ADORNAS CARIÑOSA.

LA EDIFICACIÓN AÑOSA

DE LA ESTACION FERROVIARIA,

QUE A PESAR DE SER PRECARIA

ES HASTA LINDA DE VIEJA,

CON SUS TECHOS COLORADOS

Y SUS VENTANAS CON REJAS.

TUS BANCOS BIEN UBICADOS

IDEALES PARA EL ROMANCE,

SIEMPRE LEJOS DEL ALCANCE

DE MIRADAS INDISCRETAS,

DONDE ROMEO Y JULIETA

SE JURARON SUS AMORES.

POLICROMIA DE FLORES

TE ALEGRAN DE MIL MANERAS,

Y TE PERFUMAN LOS TILOS

EN NOCHES DE PRIMAVERA.”


DURANTE 6 AÑOS DARWIN LO CONTO ENTRE SUS FILAS, QUISIERON LAS COSAS QUE VOLVIERA A NEUQUEN COMO BOLETERO, LUEGO A SAN CARLOS DE BARILOCHE Y TAMBIEN GENERAL FERNÁNDEZ ORO, UNA VACANTE EN MIRAMAR -5 MESES-, PIRAN -1 SEMANA-, Y VUELTA A DARWIN, SIEMPRE MANEJADO POR LA SUPERINTENDENCIA DE SAN ANTONIO OESTE.

EN 1955 CON LA REVOLUCION DEL 16 DE SEPTIEMBRE, PRECENCIO COMO BOMBARDEABAN LAS VIAS Y GALPONES DE LA LINEA, ES EN ESTE AÑO CUANDO TOMA UNA VACANTE EN BOLIVAR -RELATA: “HABIA MUCHÍSIMO TRABAJO, CARGAS, TRASBORDOS Y CONTABILIDAD, ARDUO SE LABURABA LOS DISTINTOS TURNOS, MAS O MENOS 14 EMPLEADOS, EL JEFE, 2 SECRETARIOS, 4 AUXILIARES, 5 ENCARGADOS DE ENCOMIENDAS, 2 BOLETEROS, 2 TELEGRAFISTAS, 1 PEON FAROLERO, 1 PEON JARDINERO, 1 PEON DE PLATAFORMA, 2 CAPATACES CAMBISTAS, 4 CAMBISTAS. CORRIAN EN ESA EPOCA LOS TRENES PASAJEROS NUMERO 6 –10,20 HS A BUENOS AIRES-, EL 5 –15,00 HS A CARHUE- Y LOS MARTES, JUEVES Y VIERNES EL 29 -DE BUENOS AIRES CON COMBINACIÓN A SAAVEDRA VIA LAMADRID- Y EL 29 -A -A PIGUE VIA RECALDE, HUANGUELEN-. LOS CARGAS 1703, 1704, 1741, 1742 Y EL 2025, LOS DOMINGOS CORRIAN 4 TRENES DE HACIENDA DE 30 VAGONES CADA UNO Y SE TRABAJABA LOS DESVIOS DE MOLINOS RIO DE LA PLATA, SÁNCHEZ, BENTARCUR Y ANGEL VIVANCO.”


-DE LA FAMA DE PICAFLORES DE LOS FERROVIARIOS, UNA ANÉCDOTA HECHA POEMA-


“MODESTO GOROSITO”


“SEÑORES BUENAS TARDES,

DE ESTA FORMA ME PRESENTO,

A MI ME LLAMAN “EL NEGRO”,

ELLAS ME DICEN “NEGRITO”´

VOY A CONTAR UN CACHITO

DE MI LARGA TRAYECTORIA,

SI NO FALLA MI MEMORIA

Y MI LENGUAJE PRECARIO,

LES CONTARE LOS AMORES

DE MIS AÑOS FERROVIARIOS.

EN UNZUE TUVE UNA NOVIA,

BONITA COMO UNA AURORA,

SE LLAMABA NICANORA

LA CONOCI EN UNA YERRA,

EN LA ESTANCIA DE LOS SERRA,

HAY CERCA DE LA ESTACION

ADIVINO MI INTENCIÓN

Y TAL VEZ MI PICARDIA,

POR ES O ES QUE SOLO DURO

NADA MAS QUE 15 DIAS.

EN HALE TUVE 3 NOVIAS,

EN DEL VALLE 5 O 6

Y PARA QUE RECORDAR

LAS QUE TENIA EN HUETEL..

EN MOSCÓN HICE CAPOTE

HASTA QUE ME FUI A VALDEZ,

ALLI CON UNA CASADA

LLEGUE A TENER JUSTO 10.

EN ISLAS FUE LA LOCURA

NUNCA ME LO IMAGINE,

CON 4 DE 25 LLEGUE A TENER 16.

ME FLORECÍAN LOS AMORES

COMO CARDOS EN PRIMAVERA,

TENIA NOVIA DONDE QUIERA,

ERA UN GALAN TIPO CINE,

ES POR ESO QUE COMBINE

CON LA SUPERINTENDENCIA

ME MANDARAN A BOLIVAR,

MI PUNTO DE RESIDENCIA.

OTRA VEZ DE NUEVO AQUÍ

ME PORTABA MANSAMENTE,

ESA PANTERA EXIGENTE

QUE TENIA EN EL CORAZON,

LA HABIA TIRADO A UN RINCÓN

ADORMECIDA Y CANSADA,

MAS MI SUERTE DESGRACIADA

NO ME PODIA DURAR

Y DE NUEVO ME SACARON

A LA LINEA A RELEVAR.

ME MANDARON AQUÍ A IBARRA

DONDE CASI RENUNCIE,

EL ASUNTO ES QUE ME ARME

CON UNA CHICA DE ACA,

QUE HABIA IDO A PASEAR

CON OTRAS MAS DE UN COLEGIO

EL ASUNTO IVA MUY REGIO

HASTA QUE DE FORMA CASUAL

ME ENTERE QUE ERA LA HIJA

DEL ENCARGADO DE PERSONAL .

MENOS MAL QUE ME MANDARON

ENSEGUIDA A URDAMPILLETA,

ALLI EN FORMA MUY DISCRETA

4 DIAS ME PORTE,

HASTA QUE UNA TARDE

FUE UNA VIUDA A LA ESTACION,

APROVECHE LA OCASIÓN,

MI TÁCTICA NUNCA FALLA

Y SALIMOS ABRAZADOS

POR LA TRANQUERA DE LA PLAYA.

EN PIROVANO FUE GRANDE

LAS NOVIAS QUE CONQUISTE,

EN DAIREAUX NI BIEN LLEGUE,

ME ARME CON UNA EN LA CARGA,

OTRAS 7 EN LA LARGA

TODAS DE ALTA ESCUELA,

OTRAS 8 EN LA MANUELA

CUANDO ME FUI LAS DEJE

Y EN BONIFACIO LA NOVIA

AL AUXILIAR LE SAQUE.

EN ALAMO SOLAMENTE

TUVE UNA NOVIA CASADA,

EN FORMA MUY RESERVADA

DURE HASTA QUE ME FUI.

10 NOVIAS EN GUAMINI

FUERON RECORD DE APOGEO,

MAS COMO SIEMPRE QUE VEO,

MUJERES EN OTRO LADO

ANDUVE DE NOVIO EN SERIO

CON 2 DE ARROYO VENADO.

HOY ESTOY DE NUEVO AQUÍ

OTRA VEZ EN RESIDENCIA,

ESTOY VIENDO CON PACIENCIA

COMO PASAN LOS AÑOS,

YA NO SOY AQUEL DE ANTAÑO,

ESTOY VIEJITO Y CANSADO,

UN POCO LES HE CONTADO,

POR ESO ME VOY AHORA

SEGURO ME VA RETAR

CUANDO LLEGUE MI SEÑORA.”


DEVENIDA LA HUELGA DE 1961, HUBO ACHIQUE DE PERSONAL Y REDUCION DE PLANTEL, EL PUESTO DE TELEGRAFISTA DESAPARECIO Y LOGRO TOMAR UNA VACANTE DE AUXILIAR EN BOLIVAR, DONDE TRABAJO HASTA LOS DIAS DE SU JUBILACIÓN EN 1991, A LOS 60 AÑOS DE EDAD, CON 13 DE TELEGRAFISTA Y 30 DE AUXILIAR. APORTO TRABAJOS A LOS SIGUIENTES DIARIOS: ROJINEGRO, ESPACIO LOS ESPONTÁNEOS, RIO NEGRO, LA NUEVA PROVINCIA, EL MENTOR, LA MAÑANA, TAMBIEN COLABORO EN LA RADIO NEUQUEN LU5, Y TAMBIEN CON LA DIRECCIÓN DE CULTURA DE BOLIVAR Y LA BIBLIOTECA SIMON BOLIVAR. PARTICIPO EN CERTÁMENES TALES COMO, TORNEOS ABUELOS BONAERENSES 1997, 1998 Y 1999, FESTIVAL NACIONAL DE FOLCKLORE 1999 -TERCER PREMIO-, Y EN 2000 Y 2001 -PRIMER PREMIO-. PUBLICO 44 POEMAS EN 2000, EN 2001 PREMIO A LA TRAYECTORIA DEL ROTARYCLUB Y CONTINUA PARTICIPANDO, Y ESCRIBIENDO. SANTOS VEGA TIENE HOY DIA 76 AÑOS , Y SU ALMA BRILLA EN EL FIRMAMENTO DE MIS MEJORES RECUERDOS, DEJANDO UN SURCO DE POEMAS QUE AFLORAN EN EL CAMPO DE LA VIDA.


GRACIAS ...



SANTOS ANDRES MANUEL

13-3-1998 ACTUALIZADO 27-9-2006


© Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 4 de mayo del 2008